Las 5 montañas más hermosas
de Japón
Del Fuji a los Alpes japoneses: cinco cimas que definen la identidad visual, espiritual y alpinista del archipiélago
En Japón, la montaña no es solo geografía. Es cosmología. Los primeros textos históricos del país —el Kojiki y el Nihon Shoki, redactados en el siglo VIII— narran cómo los dioses crearon el archipiélago desde el cielo, y las montañas más altas son en esa narrativa los puntos donde el mundo celestial y el terrenal se tocan. El Monte Fuji es la residencia de una diosa. El Monte Koya es el hogar de un santo que según la tradición todavía medita en su tumba. El Monte Tateyama es uno de los tres picos sagrados que forman la «Ruta Alpina» más alta de Asia. Esta dimensión espiritual de la montaña japonesa —ausente en buena parte de la tradición alpinista occidental, más centrada en la conquista que en la veneración— es lo que convierte la experiencia de las cimas japonesas en algo radicalmente distinto a escalar una montaña en los Alpes o en los Andes. Aquí no se conquista: se visita, con respeto, a algo mucho más antiguo que uno mismo.
01 · Monte Fuji — La montaña perfecta
Hay montañas importantes y hay montañas únicas. El Monte Fuji —Fuji-san en japonés— pertenece sin discusión a la segunda categoría. A 3.776 metros sobre el nivel del mar, es el pico más alto de Japón y uno de los estratovolcanes con la silueta más perfectamente cónica del planeta. Su forma —el resultado de capas sucesivas de lava y ceniza acumuladas durante milenios de actividad volcánica— ha sido reproducida en miles de pinturas, grabados y fotografías a lo largo de los siglos, y sigue siendo la imagen visual más reconocible de Japón en el mundo, por delante del templo Senso-ji o de la Torre de Tokio. Katsushika Hokusai le dedicó su serie de 36 vistas —Fugaku Sanjurokkei— y convirtió la representación artística del Fuji en una de las influencias más determinantes sobre el impresionismo europeo a través de las estampas que llegaron a Francia a mediados del siglo XIX.
El Fuji fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2013, pero no como Patrimonio Natural —como muchos esperaban— sino como Patrimonio Cultural. La distinción es significativa: lo que la UNESCO protege no es el volcán en sí sino el papel que ha desempeñado en la cultura y la espiritualidad japonesas durante más de mil años. El Fuji es el objeto de peregrinación más antiguo de Japón: el Fujiko —la secta sintoísta dedicada a la veneración de la diosa Konohanasakuya-hime, que reside según la tradición en la cima del volcán— tiene registros de peregrinos que subían al cráter desde el siglo XI.
Hoy, entre 200.000 y 300.000 personas suben al Fuji cada verano —la temporada de ascenso oficial es de julio a principios de septiembre—, lo que lo convierte en una de las montañas más transitadas del mundo. El ascenso más popular, por la ruta Yoshida, parte de la quinta estación a 2.305 metros y llega al cráter en unas seis o siete horas de subida, con una bajada de tres a cuatro horas por la ruta de ceniza. La experiencia de ver el amanecer (goraiko) desde el borde del cráter del Fuji —con el horizonte del Pacífico tiñéndose de naranja y las nubes bajo los pies— es descrita por quienes la han vivido como una de las experiencias más intensas de sus vidas.
02 · Monte Hotaka — Los Alpes que nadie espera
Si el Fuji es la montaña que todos los japoneses conocen, el macizo del Hotaka —Hotakadake— es la que todos los alpinistas japoneses respetan. Situado en el corazón de los Alpes del Norte de Japón, el macizo Hotaka es en realidad un conjunto de picos interconectados que incluye el Okushiro-dake (3.190 m), la tercera cumbre más alta del país, y el legendario Yari-ga-take («el pico lanza», 3.180 m), cuya aguja de granito que se eleva verticalmente sobre el horizonte es considerada por los alpinistas japoneses la montaña más elegante del archipiélago.
Lo que hace al macizo Hotaka único entre las grandes montañas de Japón es la presencia de glaciares activos: los únicos documentados en Japón al sur del Ártico. Descubiertos oficialmente en 2012 por investigadores de la Universidad de Nagoya, los glaciares del Hotaka —acumulaciones de hielo permanente en las vertientes norte del macizo— son evidencia directa de un clima alpino real, con temperaturas que en los valles glaciales más protegidos nunca superan los 0°C incluso en agosto. La existencia de glaciares en una latitud similar a la de Madrid sorprendió a la comunidad científica y añadió una nueva dimensión al ya excepcional perfil geográfico de los Alpes japoneses.
El acceso más habitual al macizo Hotaka parte del valle de Kamikochi —el valle alpino que ya aparece en la guía de naturaleza de esta serie—, desde cuyo fondo se puede ver la pared norte del macizo elevarse durante más de mil metros sobre el lecho del río Azusa. La escalada de las rutas más técnicas del Hotaka es el equivalente japonés de escalar el Eiger o el Grandes Jorasses: un desafío serio que requiere equipamiento completo, experiencia en roca y nieve, y varios días en montaña.
03 · Monte Tateyama — La Ruta Alpina del cielo
El Monte Tateyama forma parte, junto con el Fuji y el Hakusan, de los Nihon Sanreizan: los tres picos sagrados del alpinismo religioso japonés, venerados desde la Antigüedad como moradas de los dioses y destinos de peregrinación para los ascetas budistas y sintoístas. El Tateyama, en particular, era considerado en el pensamiento budista medieval como la puerta de entrada al Gokuraku —el paraíso— y al mismo tiempo como una imagen del infierno: los fumaroles del volcán Jigokudani («el valle del infierno») que humean en sus faldas fueron interpretados durante siglos como la respiración del averno.
Hoy, el Tateyama es principalmente conocido por dos razones. La primera es la Ruta Alpina de Tateyama-Kurobe: una travesía de montaña de 37 kilómetros que conecta la ciudad de Toyama en la costa del mar del Japón con Omachi en la prefectura de Nagano, atravesando el macizo alpino a alturas que superan los 2.450 metros, mediante una combinación de telecabinas, autobuses de montaña, trolebuses eléctricos y funiculares que permite a cualquier visitante acceder a un paisaje de alta montaña sin necesidad de equipo ni condición física especial.
La segunda razón es el corredor de nieve de Murodo (yukino otani): cada año, en abril y mayo, las máquinas quitanieves excavan un camino por el corredor de nieve que se acumula durante el invierno en la carretera de Murodo, dejando paredes verticales de nieve compactada que en los años de mayor nevada alcanzan los 20 metros de altura. Los visitantes caminan por el fondo del corredor con esas paredes blancas a ambos lados, en un paisaje que parece sacado de un mundo de ciencia ficción. La apertura del corredor, en torno al 15 de abril de cada año, es uno de los eventos más esperados del calendario turístico japonés.
04 · Monte Aso — El volcán que vive y respira
El Monte Aso no es una montaña convencional: es un sistema volcánico complejo formado por una caldera de 128 kilómetros de perímetro dentro de la cual viven más de 50.000 personas, con ciudades, granjas, autopistas y líneas ferroviarias construidas sobre la misma roca volcánica que en cualquier momento podría volver a activarse. Es el volcanismo a escala humana en su expresión más extrema, y la forma en que los habitantes de la cuenca del Aso han aprendido a convivir con el volcán —sus alertas cotidianas, sus planes de evacuación, su humor resignado ante las erupciones menores— es una de las manifestaciones más fascinantes de la relación japonesa entre la naturaleza y la sociedad.
La cima más visitada del complejo es el Nakadake (1.506 m), cuyo cráter alberga un lago de lava de color turquesa ácido —a una temperatura de entre 600 y 800 grados centígrados— rodeado de fumaroles de dióxido de azufre que el viento arrastra hacia los visitantes con una regularidad que hace obligatorio el uso de mascarilla. Cuando las condiciones de emisión de gas lo permiten —el acceso está frecuentemente cerrado por niveles de alerta volcánica— una carretera lleva hasta el borde mismo del cráter, donde se puede asomar a ver el lago ardiente desde una distancia de apenas decenas de metros. Es una de las experiencias más perturbadoramente bellas de Japón.
El paisaje que rodea el complejo volcánico del Aso —las praderas de hierba japonesa (susuki) que se mueven como un mar plateado en otoño, frente a las cimas que humean— es también extraordinario. En octubre, cuando el susuki está en su máximo esplendor y la luz de la tarde cae en ángulo rasante sobre las faldas del volcán, el panorama desde los miradores del borde de la caldera tiene una calidad pictórica que justifica por sí sola el viaje desde cualquier parte de Japón.
05 · Monte Zao — Los fantasmas de hielo del norte
En los inviernos del norte de Japón, cuando la temperatura de Tohoku desciende por debajo de -15°C y los vientos del Siberia cruzan el mar del Japón cargados de humedad, ocurre en las laderas del Monte Zao un fenómeno que los japoneses llaman juhyo —literalmente «árboles de hielo»— y que en el resto del mundo no tiene nombre exacto porque no tiene equivalente exacto. Los abetos que cubren las laderas del volcán quedan completamente encapsulados por capas sucesivas de hielo y nieve acumuladas durante semanas, hasta que cada árbol se transforma en una forma blanca y redondeada, fantasmal, que en grupos de cientos o miles de ejemplares crea un paisaje que parece generado por ordenador: una ladera entera de figuras blancas, inmóviles, silenciosas, que los japoneses también llaman yukimusume, «fantasmas de nieve», o simplemente obake, «monstruos».
El Monte Zao no es la montaña más alta de esta lista ni la más técnicamente exigente. Su fama descansa completamente en dos fenómenos estacionales que no tienen paralelo en ninguna otra montaña de Japón. El primero son los juhyo de enero y febrero. El segundo es el lago Okama —un lago volcánico en el cráter del macizo— que debe su apodo de «Ojo de Dios» (Goshikinuma, «el estanque de los cinco colores») a su extraordinaria capacidad de cambiar de color según el ángulo de la luz solar: azul zafiro a mediodía, verde esmeralda al atardecer, turquesa en los días nublados, casi negro al amanecer. El lago no cambia su composición química: es el ángulo del sol sobre el agua lo que crea la ilusión óptica. El resultado es un cuerpo de agua que parece tener vida propia, que rechaza ser reducido a un color fijo.
Las 5 montañas: guía rápida
| # | Montaña | Altitud | Región | No te pierdas |
|---|---|---|---|---|
| 01 | Monte Fuji | 3.776 m | Shizuoka / Yamanashi | Ascenso en verano · goraiko (amanecer) · sakasa Fuji desde el lago |
| 02 | Monte Hotaka | 3.190 m | Nagano · Alpes Norte | Glaciares activos · pared norte · Yari-ga-take · Kamikochi |
| 03 | Monte Tateyama | 3.015 m | Toyama · Alpes Norte | Corredor de nieve 20m · Ruta Alpina · presa Kurobe · carácter sagrado |
| 04 | Monte Aso | 1.506 m (cráter) | Kumamoto · Kyūshū | Lago de lava turquesa · mayor caldera activa del mundo · susuki otoñal |
| 05 | Monte Zao | 1.841 m | Yamagata · Tohoku | Juhyo (árboles fantasma) · lago Okama de cinco colores · onsen de azufre |
Naoto Sensei · Letras y cultura japonesa

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