Los 5 festivales más
extraños de Japón
Falos gigantes, llanto de bebés, adultos disfrazados de animales y penes de chocolate: el Japón que los folletos de turismo no siempre cuentan
Japón tiene miles de festivales —se estima que se celebran más de 300.000 matsuri al año en todo el país— y la mayoría son exactamente lo que parecen: procesiones solemnes de mikoshi (santuarios portátiles), actuaciones de danzas tradicionales, puestos de comida y fuegos artificiales. Pero entre esos miles de festivales existe una categoría especial que los propios japoneses clasifican como kisai o kifesutibaru —festivales extraños, raros, inusuales— y que revela una dimensión completamente distinta de la cultura japonesa: una dimensión que sabe reírse de sí misma, que no tiene ningún problema en celebrar públicamente lo que en cualquier otro contexto japonés sería impensable mencionar, y que demuestra que bajo la superficie de contención y protocolo que define al Japón cotidiano existe una vitalidad festiva capaz de lo más inesperado. Estos son los cinco que ningún viajero curioso debería perderse.
01 · Kanamara Matsuri — El Festival del Falo de Acero
El primer domingo de abril, en el barrio de Daishi de Kawasaki, la ciudad más discreta del área metropolitana de Tokio, ocurre algo que ningún visitante que lo presencia olvida nunca. El Kanamara Matsuri —literalmente «Festival del Kanamara», donde kana significa hierro/acero y mara es un término arcaico para el órgano sexual masculino— saca a la calle tres mikoshi en forma de falo de distintos tamaños, un mercado de golosinas, figuras y souvenirs en forma de falo de todos los materiales imaginables, y una multitud de decenas de miles de personas que se fotografían con todo ello con una espontaneidad y una alegría que contrastan radicalmente con la contención habitual del espacio público japonés.
El origen del festival es completamente serio. La leyenda fundacional del santuario Wakamiya Hachimangu narra que una mujer fue mordida dos veces en su noche de bodas por un demonio con dientes que habitaba en su vagina —los matrimonios consecutivos terminaron de la misma forma— y que solo un herrero con mucho ingenio logró fabricar un falo de hierro que rompió los dientes del demonio y liberó a la joven. Este mito, que parece diseñado para incomodar al siglo XXI, es en realidad un relato de fundación perfectamente coherente dentro de la tradición sintoísta: el falo como símbolo de fertilidad y protección de la comunidad tiene una presencia de miles de años en la religiosidad japonesa, y los santuarios dedicados a la fertilidad y a la protección del parto existen en todo el archipiélago.
El festival moderno fue recuperado en 1977 por el sacerdote del santuario con el objetivo de recaudar fondos para la investigación del VIH/SIDA —el dinero de las entradas y las ventas de souvenirs sigue donándose a esta causa— y desde entonces ha crecido exponencialmente hasta convertirse en uno de los eventos más fotografiados de Japón entre los visitantes extranjeros. Los karaoke de formas fálicas, los caramelos de chocolate con la misma forma, los sombreritos y las paletas para las fotos, los grupos de hombres mayores que pasean con la misma solemnidad que llevarían a cualquier otro festival: todo convive en el Kanamara con una normalidad que es, en sí misma, parte del espectáculo.
02 · Naki Sumo — El torneo de llanto de bebés
En el sumo japonés, el objetivo de los luchadores es hacer que el contrincante salga del ring o toque el suelo con cualquier parte del cuerpo que no sean los pies. En el Naki Sumo —literalmente «sumo de llanto»—, el objetivo de los luchadores es exactamente el opuesto: hacer que su propio bebé llore. El que consiga que su bebé llore primero —o más fuerte, según las reglas de cada santuario— gana el combate. Y el bebé que llora gana la bendición de los dioses y la promesa de una vida sana y larga.
La filosofía que subyace a este festival tiene su propia lógica una vez que se entiende el contexto. El llanto del bebé es, en la tradición japonesa, una señal de vitalidad, de presencia en el mundo, de fuerza vital. Los bebés que lloran con fuerza son bebés sanos y enérgicos. El proverbio japonés que fundamenta el festival dice: naku ko wa sodatsu —«el niño que llora crece»—, y la idea de que hacer llorar al bebé en presencia de los dioses del santuario asegura su salud y su crecimiento está documentada en textos del período Edo.
La escena tiene una dimensión de comicidad involuntaria perfectamente japonesa: los luchadores de sumo —enormes, con sus mawashi (faldas de seda) y sus peinados rituales— sosteniendo en brazos a bebés de seis meses o un año con expresiones de concentración absoluta, mientras el árbitro con su abanico de madera hace gestos y sonidos para provocar el llanto de los pequeños. Los bebés reaccionan de formas completamente impredecibles: algunos lloran desde el primer segundo, otros se quedan dormidos, otros se ríen. Los padres, en el palco de alrededor del ring, fotografían todo con una mezcla de orgullo y diversión que hace del Naki Sumo una de las experiencias más genuinamente alegres del calendario festivo japonés.
03 · Hōnen Matsuri — El festival de la cosecha más explícito del mundo
Si el Kanamara Matsuri de Kawasaki es el festival fálico más popular entre los visitantes extranjeros, el Hōnen Matsuri del santuario Tagata Jinja de Inuyama es el más antiguo, el más serio en términos rituales y el que tiene el objeto ceremonial más imponente: un falo de madera de ciprés de 2,5 metros de longitud y 60 centímetros de diámetro tallado de nuevo cada año, que quince hombres nacidos en el año del tigre —el número varía por año— transportan en procesión durante cuatro horas por las calles del pueblo, mientras la multitud les ofrece sake y los sacerdotes del santuario recitan oraciones de fertilidad y buena cosecha.
El hōnen del nombre significa «año de abundante cosecha», y ahí está toda la filosofía del festival: no es un evento de sexualidad humana sino de fertilidad cósmica. El Tagata Jinja es un santuario dedicado a la diosa Tamahime no Mikoto, protectora de la fertilidad, la procreación y el bienestar de las mujeres. Los rituales del 15 de marzo —día del equinoccio de primavera en el calendario lunar— piden a los dioses una cosecha abundante, muchos partos seguros y prosperidad para la comunidad. El falo gigante es el símbolo central de esa petición, y su construcción y transporte son un acto de devoción religiosa tan solemne como podría ser la del mikoshi de cualquier otro santuario japonés.
Junto al falo de madera, la procesión incluye una enorme cantidad de objetos fálicos de madera de distintos tamaños donados al santuario por los fieles, así como mochi (pasteles de arroz) y bizcochos en forma de pene que se distribuyen entre la multitud como ofrendas de buena suerte. Los visitantes extranjeros —que hoy son una parte significativa de la multitud— y los locales se mezclan con naturalidad, y la actitud de los vecinos del pueblo ante el festival es de orgullo tranquilo: este es su festival, lleva siglos siendo así, y les parece completamente normal.
04 · Toka Ebisu — Cuando reírse es un deber religioso
El Toka Ebisu no es un festival extraño en el sentido en que lo son el Kanamara o el Hōnen Matsuri —no tiene objetos rituales que provoquen reacciones en el visitante extranjero— pero sí tiene algo que lo hace absolutamente específico y absolutamente japonés: es un festival en el que reírse en público no solo está permitido sino que es un deber religioso. Ebisu —el dios de la fortuna y del comercio, representado siempre con una sonrisa enorme, un pescado bajo el brazo y un sombrero cómico— exige que sus fieles lleguen a su santuario con alegría, y el Toka Ebisu de Osaka es la celebración más visible y más multitudinaria de esa exigencia.
El festival se celebra cada año el 9, 10 y 11 de enero en el santuario Imamiya Ebisu de Namba, en el corazón de Osaka, y atrae en esos tres días a más de un millón de visitantes que vienen a comprar las fukusasa —ramas de bambú decoradas con amuletos de prosperidad— y a recibir la bendición de las fukumusume, las «mujeres de la fortuna»: jóvenes de Osaka seleccionadas entre las candidatas con apellidos de buen augurio, vestidas con kimono de colores vivos, que durante los tres días del festival bendicen sin descanso las ramas de bambú con golpecitos de un pequeño mazo y amplísimas sonrisas.
Lo que hace al Toka Ebisu especialmente notable para el visitante extranjero —y especialmente japonés en su extrañeza— es la actitud de los comerciantes que participan. Los dueños de pequeños negocios, restaurantes y tiendas de Osaka compran sus fukusasa con una seriedad que contrasta con el ambiente festivo: para ellos, la bendición de Ebisu no es un juego ni un recuerdo turístico sino una inversión en la prosperidad del negocio para el año siguiente, tan razonable como cualquier otra decisión empresarial. La economía y la espiritualidad conviven en el Toka Ebisu con una naturalidad que resume perfectamente el pragmatismo religioso japonés.
05 · Awa Odori y sus primos raros — Cuando la danza pierde la vergüenza
El Awa Odori es técnicamente el festival de danza más grande de Japón y uno de los más grandes del mundo: 1,3 millones de visitantes en cuatro días, cientos de grupos de baile (ren) compuestos por miles de personas, y un ambiente que transforma completamente la ciudad de Tokushima en algo que no es exactamente un festival, no exactamente un carnaval, no exactamente una procesión religiosa, sino las tres cosas al mismo tiempo.
Lo que hace al Awa Odori extraño —o más precisamente, lo que lo convierte en el quinto elemento de esta lista— no es tanto el propio festival sino la filosofía que lo define, condensada en un verso que todos los participantes y todos los espectadores conocen de memoria: «Odoru aho ni miru aho, onaji aho nara odoranya son son» —«Es un tonto quien baila, y es un tonto quien mira, si de todas formas eres un tonto, más vale que bailes»—. Esta máxima, que data del siglo XVI, es posiblemente la declaración de principios festivos más directa y más subversiva de toda la cultura japonesa: en un país donde no perder la compostura es un valor fundamental, el Awa Odori da un permiso explícito, codificado en cuatrocientos años de tradición, para soltar completamente el control y dejarse llevar por el ritmo.
Y el ritmo del Awa Odori es especialmente desconcertante para el ojo occidental. Los bailarines avanzan en procesión levantando las rodillas de forma exagerada, con los brazos en alto, los codos doblados en ángulos imposibles, los dedos extendidos hacia arriba, la cabeza ladeada, los pies golpeando el suelo con una cadencia sincopada que el shamisen y el taiko empujan hacia adelante sin pausa. El resultado —desde fuera— tiene algo de ritual, algo de marcha, algo de transe, algo de comedia física. Los bailarines experimentados lo ejecutan con una gracia que transforma lo aparentemente torpe en elegancia; los principiantes lo ejecutan con el abandono de quien ha dejado definitivamente de preocuparse por lo que piense nadie. Ambos tienen razón.
El festival que completa este retrato del Japón insólito no es el Awa Odori en sí sino uno de sus primos: el Yosakoi Matsuri de Kochi —celebrado en agosto en la misma isla de Shikoku— donde los grupos de baile pueden llevar disfraces de cualquier cosa imaginable —medusas gigantes, robots, samurai espaciales, frutas tropicales parlantes— siempre que sus pies lleven los naruko (paletas de madera que hacen ruido al ritmo del baile) y la canción que suena sea una versión de la melodía tradicional de Yosakoi. El resultado es un carnaval de ciencia ficción ejecutado con la seriedad competitiva de unos juegos olímpicos, y es una de las experiencias más surrealistas y más energizantes que Japón tiene para ofrecer.
Los 5 festivales: resumen para el viajero
| # | Festival | Fecha | Ciudad | Por qué ir |
|---|---|---|---|---|
| 01 | Kanamara Matsuri | 1.er domingo de abril | Kawasaki | El más fotogénico · ambiente festivo total · causa solidaria |
| 02 | Naki Sumo | Varía · primavera/otoño | Tokio · Chiba | El más tierno · bebés + luchadores de sumo · gratis como espectador |
| 03 | Hōnen Matsuri | 15 de marzo | Inuyama, Aichi | El más solemne y auténtico · combinar con castillo de Inuyama |
| 04 | Toka Ebisu | 9–11 de enero | Osaka | El más festivo y accesible · ver el pragmatismo religioso japonés |
| 05 | Awa Odori / Yosakoi | 12–15 agosto | Tokushima · Kochi | El más participativo · 1,3M visitantes · se puede bailar con los locales |
Naoto Sensei · Letras y cultura japonesa

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